Un grupo de 18 voluntarias del Programa de Atención Domiciliaria Adulto Mayor (Padam) de La Ligua, decidió crear la “olla móvil” para repartir alimentos a los adultos mayores vulnerables a raíz de la pandemia. Esta es su emotiva historia.

Por María Teresa Villafrade

Con todas sus tradicionales tiendas de dulces y  tejidos artesanales cerradas desde que comenzó la pandemia a mediados de marzo, La Ligua no ha logrado levantar cabeza y la pobreza ocasionada por la cesantía preocupa a sus cerca de 30 mil habitantes.

A cinco meses de la alerta sanitaria, la comuna tiene más de 600 casos, 107 de ellos activos y 22 víctimas fatales a causa del Covid-19. El alcalde, Rodrigo Sánchez, clama por el regreso de la cuarentena y del cordón sanitario que impida la llegada de los turistas. El ambiente no puede ser más desolador.

Sin embargo, un grupo de voluntarias del Programa de Atención Domiciliaria Adulto Mayor (Padam) del Hogar de Cristo, no se amilana frente a la adversidad. Se trata de la agrupación solidaria San Alberto Hurtado que integran 18 mujeres, quienes pese a sus propias dificultades económicas, se las arreglan para ayudar a los 30 adultos mayores vulnerables inscritos en el programa.

Elsa Ovalle, jefa del Padam, cuenta que este grupo surgió hace 7 años al constatar las grandes necesidades de la población de mayor edad, principalmente materia de alimentación. “Partieron haciendo campañas primero para dar desayuno solidario, después almuerzo solidario y ahora están fortaleciendo de frentón una olla común, porque la verdad es que está siendo muy necesario. La mayoría padece de patologías crónicas entonces necesitan fortalecer su sistema inmune y una buena alimentación es muy importante para ello. Deben comer frutas y verduras, además de una comida equilibrada, y la situación de pobreza se los impide. Por eso todas las semanas, gracias a este equipo de voluntarias, se está haciendo esta olla común”, señala.

Reciben además el apoyo en dinero de lo recaudado en la campaña nacional Chile Comparte a través de Acción Solidaria del Hogar de Cristo, que a la fecha ha sustentado a 59 cocinas comunitarias en todo Chile en los últimos dos meses, beneficiando a un total de 5.000 personas.

“Desde que comenzó la pandemia, el alcalde pidió cuarentena porque este es un sector con muchas entradas, vienen de Santiago, de Valparaíso, de toda la zona costera. Han aumentado mucho las casos de contagio, entonces mientras otras comunas empiezan a salir y a abrirse nosotros vamos a tener que encerrarnos, y ahí se nos va a complicar más la situación”, explica Elsa Ovalle.

Pese a ello, asegura que el Programa y las voluntarias van a saber adaptarse a la cuarentena y buscar estrategias para seguir atendiendo a los adultos mayores y sus familias. “Los Padam son siempre en terreno, en eso consiste nuestra labor, en acompañar a los adultos mayores en sus necesidades que son muchas, tanto en salud como en redes familiares porque hay muchos que son abandonados o solos, tienen problemas de habitabilidad, de falta de ingresos. Una de las características del Hogar de Cristo es que hemos ido adaptándonos a los cambios, estamos siempre en constante aprendizaje de las mismas comunidades”, agrega la jefa del Padam La Ligua desde hace 9 años.

En la comuna hay alrededor de 3.000 adultos mayores.

CÓMO PARAR LA OLLA MÓVIL

Ximena Valdebenito, presidenta de la agrupación solidaria San Alberto Hurtado, cuenta que bautizaron como “olla móvil” en vez de olla común a su iniciativa porque desde la pandemia decidieron llevar los alimentos a los domicilios de los adultos mayores para no exponerlos ni exponerse ellas mismas al contagio. “Dado que ellos tenían prohibido salir de sus hogares, optamos por esa modalidad y ha resultado súper bien”.

Están entregando 180 colaciones acompañadas de pan amasado y frutas. “Preparamos charquicán, tallarines, porotos y una cazuelita cuando se puede. Nos conseguimos todo con cooperación de los negocios y de los vecinos, nos pasamos enviando cartas y haciendo rifas”. Han recibido donaciones de mascarillas también.

La voluntaria cuenta que ella recién encontró trabajo en mantenimiento y que su marido, maestro de la construcción, está cesante y recuperándose de un paro cardiorrespiratorio que sufrió hace un par de meses. “Nos hemos ido arreglando, un día no hay, pero al otro sí, así está la cosa”, dice.

La mayoría de las participantes tiene que trabajar al igual que Ximena y se organizan de manera que existan turnos y horarios. “Yo dejé mi día libre para colaborar, pero los días viernes estamos casi todas siempre”, acota.

Ximena se define como “muy sentimental” y lo que más la conmueve de su labor de voluntariado son los adultos mayores postrados que no pueden valerse por sí mismos y dependen de otras personas. “Me salen lágrimas porque viven en la pobreza absoluta”, agrega.

La impronta de Alberto Hurtado está muy presente en la agrupación: “Del dolor a la esperanza” se lee en el cartel principal que ellas mantienen con la imagen del santo jesuita. “Antes que formáramos la agrupación ya nos reuníamos en su nombre y de ahí viene el deseo de ayudar a otros. Qué mejor ejemplo que él, que andaba con su camioneta verde ayudando a los más débiles”, dice Ximena Valdebenito.

Elsa Ovalle las considera unas “guerreras”: “Son un gran equipo, lo dan todo. Sé que si entramos en cuarentena vamos a buscar la manera de que los alimentos lleguen a los adultos mayores, porque ellos nos esperan siempre”, finaliza.