Hernán Olivi: “La solidaridad es una herencia que nos dejaron los fundadores de esta población obrera”

Hernán Olivi, dirigente vecinal de la población Los Nogales, en Estación Central, destaca que desde la pandemia funciona diariamente un comedor solidario que ahora está dirigido a atender a las personas mayores más vulnerables. “Están aterradas ante su inminente cierre”, nos dice con preocupación.

Por: María Teresa Villafrade

Hernán Olivi Inostroza (56) además de funcionario del Sename (en el área de responsabilidad penal adolescente) lleva muchos años como dirigente vecinal preocupado por su comunidad. Es un activo organizador de eventos y de generar vínculos con las organizaciones sociales que constantemente nacen al alero de la populosa comuna de Estación Central, hoy con tan mala fama, mala prensa y malas noticias.

“Mi trabajo es honrar a los primeros habitantes de este sector y su historia. Nuestra población es obrera y nació en 1947 como parte de las primeras poblaciones callampas en Santiago. Tiene una historia muy bonita porque viene de un comité de vivienda de las Barrancas que se crea para buscar solución al drama de la falta de viviendas: un grupo de pobladores organizados llegan hasta el fundo San José de las Maravillas, en todo lo que en ese entonces se conocía como Chuchunco. Con este grupo nace la población Los Nogales”.

Todas las casas fueron autoconstruidas por los vecinos y por eso no son homogéneas como ocurrió con la Villa Alessandri, sino que cada uno levantó como pudo su casa a un costado del Zanjón de la Aguada: con barro, adobe, ladrillo, cemento. “La gente se organizó primero para construir, después para la instalación de electricidad, crearon los comités de vigilancia, y así sucesivamente hasta el consultorio Padre Vicente Irarrázabal”, recuerda Olivi.

Hernán Olivi.

Asegura que nunca Los Nogales perdió como población la capacidad de organización y solidaridad entre los vecinos. A pesar de sufrir los embates de la drogadicción, la delincuencia y sobre todo la llegada masiva de migrantes, que -para bien y para mal- ha existido siempre. “Primero fueron los que llegaban del campo a la capital, después en los 80 la migración peruana, luego los haitianos y ahora la comunidad venezolana más pobre. Esto ha significado un cambio intercultural, pero siempre los terminamos acogiendo. Nunca hemos dejado de ser solidarios”, precisa.

BOMBA DE RACIMO

La crisis económica que trajo la pandemia los motivó a crear un comedor solidario. “Fueron las consecuencias de medidas inhumanitarias que le dieron facultades a las empresas para suspender a sus trabajadores, sin despedirlos, pero sin pagarles sueldos, las que cayeron como una bomba de racimo en la población. Por todos lados se abrieron ollas comunes, pero la nuestra fue bien especial porque agrupaba desde los scouts hasta partidos políticos, movimientos sociales por la vivienda, la educación, en fin, todo eso, más las juntas de vecinos”, explica.

Partieron entregando 60 raciones en la Olla Común Nogales Sur, hasta llegar a más de 300 diarias, de lunes a lunes, “porque la gente necesita comer todos los días”. Sin embargo, nunca se produjo un desgaste en el equipo porque se turnaban las organizaciones para hacerse cargo una por día. Destaca la ayuda que recibieron de los comerciantes del sector que se sensibilizaron y también el aporte mensual que recibieron por parte de Acción Solidaria del Hogar de Cristo.

Adultas mayores en olla común

“Muchas personas en situación de calle no tenían dónde comer, entonces en la parroquia de la Santa Cruz se abrió uno para ellos y nosotros nos quedamos con las familias y los adultos mayores”, recuerda.

Hernán Olivi dice que se ha notado una mejoría en la situación económica y que por esa razón se fueron cerrando las ollas comunes a medida que llegaban los IFE y se recuperaban los empleos. “Nosotros también pensamos en cerrar el comedor, pero nos detuvo la reacción de los adultos mayores, un grupo cautivo que depende de nosotros para comer diariamente. Tenemos una cantidad grande de adultos mayores que llegan todos los días con su ollita a buscar su almuerzo y están aterrados de que se termine la olla”, agrega.

Hablaron con el nuevo alcalde de Estación Central, Felipe Muñoz, quien les aseguró mantener la ayuda con los balones de gas y las proteínas (carne, pollo). “Hicimos una reunión con las personas mayores que atendemos y les contamos que todavía nos queda mercadería para funcionar pero no sabemos hasta cuándo. Hemos decidido continuar pero de lunes a viernes, con 150 raciones diarias”.

El dirigente vecinal recalca que las ayudas extraordinarias que recibieron durante la pandemia fueron para ellos como un “veranito de San Juan”. “Hemos ido conociendo más a fondo su realidad, muchos tienen pensiones muy bajas y se endeudan para comprar remedios. Entonces los IFE los usaron para cambiar su colchón, se compraron ropita y mejoraron un poco su calidad de vida”, revela.

Hernán Olivi como ciudadano comprometido con las causas sociales, asegura que apoya la Iniciativa Popular de Norma para un estándar de vida digno que propone Hogar de Cristo a la Convención Constitucional. “La junta de vecinos no es una municipalidad chica que se cierra a las cinco de la tarde, acá los vecinos vienen a pedir ayuda de todo tipo: leche, plástico porque se les llueve la vivienda. Somos participativos con todo lo que pasa en el país, y en nuestra comuna especialmente, porque no se trata simplemente de dar un certificado de residencia nada más. La solidaridad es una herencia que nos dejaron los fundadores de esta población obrera”, concluye.

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