Marcelo González, presidente Fundación Incluidos: “Hay dos leyes de inclusión en Chile, pero en la realidad no existe la inclusión”

El docente de 33 años, nacido y criado en Arica, es el fundador de tres organizaciones sociales: Construyendo, Fundación Incluidos y Esperanza sin Fronteras, las que responden a distintas necesidades que han surgido en  la región. Las tres se acaban de sumar a Acción Solidaria de Hogar de Cristo. Aquí contamos en qué consisten y sus objetivos.

Por María Teresa Villafrade

Marcelo Emmanuel González Olivares es profesor de educación básica pero actualmente trabaja en el área de administración y finanzas del gobierno regional. Le gusta presentarse como papá de Vicente y de Mía, pero a sus 33 años además asume directa e indirectamente la paternidad de tres distintas organizaciones sociales en la región de Arica y Parinacota.

Su motivación por los  temas sociales data de 2015 cuando hacía trabajo pastoral en la Iglesia San Marcos.

“Junto a mis amigos y alumnos del colegio donde estaba trabajando, participaba activamente en las llamadas escuelas de verano. Las trajo monseñor Héctor Vargas que falleció hace poco y era obispo de Arica entonces. Nosotros quisimos ir más allá de un tema de Iglesia e ir a un plano de trabajo más social con la infancia y la juventud vulnerables, porque queríamos apuntar a una transformación social”, recuerda.

En esa búsqueda, el 22 de abril de 2015 nació la Organización Social Cultural y Deportiva  Construyendo que tiene ya  siete años de vida y de la cual fue el primer presidente. Le han sucedido otros tres: Jimmy Ron, Gisell Rojas y la actual presidenta, Dayllen García.

El objetivo inicial de esta organización era generar espacios de formación y recreación y atención a niños y jóvenes de alta vulnerabilidad, pero fueron ampliando su accionar a los adultos y postularon a otros fondos concursables de distintas entidades gubernamentales.

Uno de ellos fue el proyecto de formación de liderazgo social y voluntariado comunitario que surgió cuando era presidenta Gisell  Rojas.

“Recorrimos con expositores y talleres las cuatro comunas de la región: Arica, Camarones, Putre y General Lagos. En Putre, tuvimos un programa con mujeres jefas de hogar y en General Lagos, con una organización de ganaderos. Construyendo nunca ha dejado de funcionar y es para mí un honor y un orgullo ver cómo la han ido sacando adelante mediante proyectos”, dice.

Con fondos de Junaeb, trabajaban con las escuelas abiertas de verano todos los años con más de cien jóvenes voluntarios y atendiendo a doscientos niños de sectores vulnerables. “Eran siete días donde Junaeb proveía la alimentación y un monto de dinero para comprar materiales. Generábamos talleres con aprendizaje de valores,  de entretención con juegos y dinámicas, los llevábamos a la playa, a un parque, o a conocer distintas instituciones, como Bomberos, Carabineros, para que ellos también fuera descubriendo su vocación”, explica.

Se adjudicaron también un fondo concursable que les permitió llevar a diez jóvenes a entrenarse durante una semana en la Escuela Chilena de Oratoria, ubicada en la comuna de Las Condes, en Santiago. Además, estuvieron en el Congreso con los diputados de la región.

“A lo largo de estos siete años se han ido abriendo más espacios de formación, todos con una mirada comunitaria. Fuimos parte del Consejo Nacional de la Juventud y hace un par años hicimos un trabajo colaborativo con organizaciones de Tacna, de nuestro vecino país”, agrega.

FUNDACIÓN INCLUIDOS: ¡TODOS SOMOS PARTE!

Dada la excesiva centralización que existe en la región, de la que siempre Marcelo ha sido muy crítico ya que todo se concentra en Arica, dejando de lado a las otras comunas rurales de Camarones, Putre y General Lagos, se decidió dar un paso más y junto con el abogado Matías Rojas, creó la Fundación Incluidos donde participan parte de los mismos jóvenes que comenzaron en la organización “Construyendo” y que ahora, convertidos en profesionales, forman parte del directorio: el psicólogo Cristián Ramírez, el abogado José Escobar, la egresada de Antropología Camila Rojas, la abogada Victoria Quezada, la ingeniera civil industrial Josefa Cortés, la ingeniera comercial Dharla Córdova y la diseñadora Carolina Ravanal.

“Generalmente a las comunas rurales de nuestra región llegan muy pocos programas y oportunidades. Nosotros queremos una mejora profunda en la calidad de vida de las personas que se han visto marginadas o tienen dificultades para integrarse a la sociedad. Queremos que lo hagan sin perder su esencia”, señala.

General Lagos está en el límite con Bolivia y Camarones, que es una comuna que abarca de cordillera a mar, también sufre la misma marginalidad. Por ello, la primera meta que se plantearon fue elaborar un diagnóstico de inclusión en la región con el objetivo de generar un proceso de normalización de la inclusión en las áreas cultural, social, educacional y laboral.

“Hoy existen en Chile dos leyes que hablan de la inclusión pero nuestra crítica es que no se está realmente incluyendo, partiendo por el plano laboral. Esa ley data de 2018 y busca que las empresas de más de cien trabajadores tengan en su planta un uno por ciento de trabajadores con discapacidad, pero todavía falta mucho. Y desde lo educacional existe otra ley, pero solo se fija en el tema de lo monetario, de que todos  tienen derecho a la educación pero lo cierto es que pese a que existen programas de integración en la realidad educacional chilena, no existe inclusión. Se sigue segregando a estos alumnos. Los sicopedagogos sacan a estos alumnos de las salas y los llevan a otras salas, los siguen segregando. Inclusión no existe”, sentencia con convicción.

En lo social, no hay infraestructura, estacionamientos, veredas y, en lo regional, dice que los espacios que se abren son limitados. “Arica y Parinacota se caracterizan por ser una región multicultural, con un importante porcentaje de la etnia aymara y estamos en la frontera con Perú y Bolivia. Queremos crear una red de trabajo entre estas distintas culturas no solo basándonos en la etnia sino en sus potencialidades”, agrega.

Como presidente de la Fundación Incluidos hasta este año, cuenta que han realizado varios talleres y han participado en encuentros internacionales sobre los derechos y deberes de los estudiantes, entre otros  temas.

ESPERANZA SIN FRONTERAS

“Con la pandemia nos preocupó mucho el deterioro económico y creamos un programa que se llama Esperanza sin Fronteras, para llegar a donde otros no han llegado, que nace de Incluidos para dar apoyo a las familias más vulnerables. Se entregaron 2.500 raciones de onces a todas las familias del Campamento Esperanza 2001 y de Cerro Chuño. El primero es uno de los pocos campamentos que están quedando en la región. Se han formado otros en unas tomas, y Cerro Chuño, que es el sector donde se produjo una contaminación por polimetales y, si bien sacaron a familias chilenas de allí, pronto llegaron a instalarse los migrantes”, cuenta el docente ariqueño.

Este año, quieren convertir en corporación el programa Esperanzas sin Fronteras, con el objetivo de materializar algo que hace tiempo les viene preocupando: la falta de una ley de voluntariado en Chile.

“Un caso emblemático fue la muerte de varios jóvenes en Temuco en un accidente hace un par de años. Los voluntarios no tienen ninguna protección social y todas las organizaciones pedimos la ayuda de los voluntarios, sin embargo, ellos no cuentan con seguridad social ni protección frente a un accidente. La gente tiene mucha buena voluntad pero no tienen recursos a veces para desplazarse, para alimentarse. Hoy estamos en esa lucha de sacar una Ley de Voluntariado, llegar al Congreso y que nos escuchen nuestra propuesta”.

Más apremiante resulta en una ciudad fronteriza como Arica, donde conviven múltiples nacionalidades y etnias, y donde es habitual el desplazamiento entre países vecinos.

Este año, las organizaciones sociales fundadas por Marcelo González se sumaron a Acción Solidaria de Hogar de Cristo para continuar avanzando y aprendiendo nuevas herramientas de trabajo colaborativo y comunitario.

“Siempre esperamos que otros hagan las cosas, pero somos nosotros los  responsables, tenemos que ser constructores y forjadores de la sociedad, no es una tarea de los curas, de los políticos, de los que tienen plata o  poder, sino de todos nosotros. Como decía san Juan Bosco, hacer que lo ordinario sea extraordinario”.

Como dato anecdótico cuenta que desde que él nació su madre lo inscribió como socio de Hogar de Cristo: “Tengo incluso el famoso carnet verde con mi nombre escrito a máquina”, finaliza sonriente.

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