Quilicura Humanitario: Rockets para la gente de calle

Existe hace siete años y su foco son las personas en situación de calle de la comuna. Pero este grupo no se conforma con entregar asistencia, quiere darles herramientas que les permitan reinsertarse. Mirna Ruiz y Raúl Ibarra es el matrimonio que está detrás de toda suerte de iniciativas creativas. Rockets es una de ellas.

Por María Teresa Villafrade

La inflación los ha golpeado, al igual que a miles de familias chilenas, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil. Cada mes, les cuesta más recolectar las ayudas entre los vecinos de la comuna. Sin embargo, tienen muchos proyectos y planes.

Mirna Ruiz (59) es masoterapeuta desde hace 26 años y es una de las fundadoras de la agrupación Quilicura Humanitario. Se unió después su esposo, Raúl Ibarra, que es voluntario y fue el primero en adaptar a la chilena un ingenioso sistema de calefacción conocido como estufas rockets, que sirven tanto para climatizar como para cocinar.

“Hace siete años creamos la agrupación Quilicura Humanitario para ayudar a personas en situación de calle y ahora agregamos a familias vulnerables, porque con la pandemia hay mucha gente con problemas económicos. Estamos apoyando principalmente a familias con niños”, cuenta Mirna, quien explica que se formalizaron con personalidad jurídica hace cuatro años.

Durante los dos primeros años de pandemia, trabajaron intensamente con ollas comunes y apadrinaron la villa Lo Marcoleta 3, además de continuar como siempre preocupados de las personas de calle.

“Los miércoles y domingo, cocinábamos para cerca de 600 a 700 personas, porque mucha gente se quedó sin trabajo, literalmente sin nada qué comer”, recuerda.

Siempre se han autogestionado con los aportes de amigos y vecinos. “En nuestra villa, mi esposo se encargó de hacer la olla común para no mezclar las cosas. Se cocinaba en mi casa, pero nosotros funcionamos en una sede que estaba en Nueva Delhi, en Quilicura mismo, cerca de nuestra casa. Allí guardamos los alimentos, las ollas, el fogón, todo para cocinar los jueves, todo el día. Actualmente lo hacemos para 200 personas. También preparamos kits con azúcar, café, té y algunas donaciones de ropa, prestobarba, ropa interior, toallas higiénicas para las mujeres. Ese kit lo entregamos semanalmente, además de las marmitas con su comida. También entregamos alimentos para sus perros y gatos ya que para las personas en situación de calle, las mascotas son su familia”.

Mirna y Raúl reconocen que está difícil la situación económica y lo notan en que la agrupación anda al tres y al cuatro. “Recibimos menos aportes y hay más familias y personas necesitadas. La inflación se nota en que ya no tenemos como antes cosas guardadas”, reflexionan.

Según el Registro Social de Hogares, del Ministerio de Desarrollo Social, en Quilicura hay 192 personas en situación de calle, pero tanto Mirna como Raúl creen que son muchos más. Lo notan cada jueves, en que salen a repartir las marmitas en dos rutas calle: una va hacia el norte y la otra, al sur.

“Nos cuesta conseguir vehículos que nos ayuden a transportar a los voluntarios, a veces hay gente a la que no le gusta estar en contacto con personas calle. Uno tiene que amar y gustarle lo que hace. Ellos están generalmente no muy aseados, te abrazan, te dan besos, y tú no les puedes decir que no. Es comprensible que no todos se sientan igual. Pero a veces cuesta mucho conseguir ese compromiso, generalmente somos los mismos los que salimos y repartimos, los mismos que cocinamos”, agregan.

EL MÉTODO ROCKET

Raúl Ibarra recuerda que un día vio en Facebook una página llamada “Hablemos de las rockets” y le pareció interesante crear una versión a la chilena que sirviera a las personas en situación de calle tanto para calefaccionar su ruco como para calentar alimentos o cocinarse algo.

“Me pareció una buena idea de replicar porque el combustible es fácil de obtener. El carbón, la parafina, el gas, están muy caros y para una persona sin plata es imposible acceder a ellos. Encontré que el método rocket era muy práctico, de bajo costo y muy eficiente, porque requiere solo de palos o ramas como combustible. El entorno del ruco se calienta y se puede agregar un latón para preparar comida también. La gente de la calle va por los alrededores de la comuna y siempre va recolectando leña, palitos por aquí y por allá, ese es su combustible, no hay más inversión que salir a caminar, que es lo que siempre hacen, y recoger palitos. Es muy eficiente en todo sentido”, explica.

Un vecino que sabe trabajar fierro y metal las confecciona con los implementos que ellos le compran. “Igual no se la entregamos a aquellos que no conocemos, porque cuestan en el mercado entre 40 y 50 mil pesos. Entonces si la persona tiene problemas de consumo o es muy nómade, la va a vender y esa no es la idea”, aclara.

Si bien él fue parte de la directiva de la agrupación, hoy Raúl está a cargo de la Fundación Quilicura Humanitario, una entidad distinta de la primera. Esto porque tiene proyectos y programas de más largo aliento. Para ello, la colaboración de Acción Solidaria de Hogar de Cristo ha sido muy importante.

“En el mundo del asistencialismo, hay gente que es feliz saliendo a entregar té, café, pan, a las personas en situación de calle. Algunos, los más espirituales, sienten que van a ser bendecidos por Dios. Es un beneficio mutuo. Pero no se involucran más allá. Consideran que es suficiente entregarles comida y abrigo”, dice.

Para ellos, esto no es suficiente. “Nosotros hemos sacado gente de la calle, por ejemplo, el caso de un chico que le ayudamos a reeducarse, algo más efectivo que la rehabilitación, porque los que tienen problemas de consumo siempre los van a tener, que no consuman o que se abstengan es otra cosa. Llevamos a este joven a un lugar donde tenemos convenio (hay uno en Lampa y otro en San Bernardo) y cumplió ya un año ahí. Está trabajando, aprendió a usar una máquina para apilar mercadería, se compró una motito, es autosuficiente y está en condiciones de poder ayudar a otros con su ejemplo. Eso nos pone contentos, porque si entregamos herramientas la gente de calle puede salir de allí y ser útil a la sociedad”.

Cuenta que está buscando financiamiento para un proyecto en el que ya participan una psicóloga, una abogada y un técnico en prevención de drogas y alcohol para las terapias. Su objetivo será crear programas de acogida, orientación y derivación.

“Estamos trabajando con alumnos de práctica temprana de la carrera de Trabajo Social en la Universidad Central. Y ampliamos el abanico no solo para personas en situación de calle sino también con quienes sufren violencia intrafamiliar, consumo problemático, adultos mayores, diversidad sexual y migrantes”.

Raúl Ibarra tiene como mentor a Francisco Román, de Gente de la Calle, quien lo convenció de sumarse a la misión de llegar al 2030 con ojalá cero personas en situación de calle.

“Quilicura es un cordón industrial gigante, pensamos que se puede hacer mucho más. El municipio puede exigirles a esas empresas que contraten personas con antecedentes, por ejemplo. A través de fondos del gobierno, enseñar oficios, entregar capacitación. La reinserción pasa por renovar el vínculo familiar, pero además como sociedad, darles más herramientas y posibilidades”, finaliza.

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