“Reunidos”: El juego de mesa que unió a UNAB y Hogar de Cristo

Cuatrocientos estudiantes y 30 docentes del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello dedicaron dos semanas a resolver 15 desafíos sociales planteados por organizaciones de la Red Acción Solidaria. Uno de ellos dio vida a “Reunidos”, un juego de mesa que busca que niños, jóvenes y adultos comprendan la realidad de las personas en situación de calle desde la empatía y no desde los estereotipos. 

Por María Teresa Villafrade Foncea

¿Qué pasaría si, en lugar de aprender sobre la situación de calle leyendo cifras o viendo noticias, lo hiciéramos jugando? ¿Si una partida de mesa fuera capaz de cuestionar prejuicios que llevamos años repitiendo sin siquiera darnos cuenta? 

Esa fue la apuesta que hizo Acción Solidaria de Hogar de Cristo al participar en los Talleres de Invierno 2026 del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello (UNAB). Allí, 400 estudiantes y 30 docentes aceptaron el desafío de buscar soluciones creativas a 15 problemáticas sociales planteadas por cuatro organizaciones de la Red Acción Solidaria: Acción Solidaria, 3xi, Hijos de la Calle y Salud Calle. 

Entre todas las propuestas hubo una que llamó especialmente la atención. Se llama “Reunidos” y es un juego de mesa que invita a recorrer una ciudad inspirada en Santiago mientras los jugadores conocen historias de personas en situación de calle, enfrentan dificultades cotidianas y descubren que detrás de cada vida hay mucho más que aquello que alcanza a verse desde una vereda. 

PREJUICIOS PROPIOS Y AJENOS 

La idea surgió de una inquietud muy concreta. ¿Cómo acercar esta realidad a niños y adolescentes cuando no siempre es posible llevarlos a una hospedería o generar un encuentro directo con quienes viven en la calle? 

Luis Ossa, de Acción Solidaria de Hogar de Cristo, explica que justamente ahí apareció el juego como una herramienta inesperada. 

“Planteamos el desafío de derribar los prejuicios que existen hacia las personas en situación de calle y la poca empatía que muchas veces hay con este grupo. Pensamos que un juego podía ayudar a acercar esta realidad de una manera lúdica, para que estudiantes, niños y niñas pudieran conocerla sin miedo y con una mirada mucho más abierta.” 

Pero hubo algo que sorprendió incluso a quienes propusieron el desafío. 

Más allá del prototipo construido en apenas dos semanas, el verdadero cambio ocurrió durante el proceso. 

“Una estudiante me mostró el juego y me contó que este trabajo no solo les permitió analizar los prejuicios hacia las personas en situación de calle, sino también mirar los propios. Descubrieron que muchas de las ideas que tenían eran justamente eso: prejuicios y no la realidad. Hubo muchas conversaciones, mucha reflexión y una empatía que fue creciendo mientras investigaban.” 

Para Ossa, ese aprendizaje vale tanto como el producto final. 

Y no descarta que el proyecto siga creciendo. 

“Existe la posibilidad de que algunos de estos proyectos pasen al Hub de Innovación de la universidad para seguir desarrollándose. Sería una muy buena noticia porque significa que estas ideas pueden transformarse en herramientas reales de sensibilización.” 

CREAR PARA COMPRENDER 

El taller estuvo guiado por los docentes Gerardo Bell y Alicia Wastavino, quienes reunieron a estudiantes de Diseño de Juegos Digitales, Publicidad, Arquitectura, Diseño Gráfico, Artes Visuales y Diseño de Vestuario y Textil. 

La diversidad fue una de las mayores riquezas de la experiencia. 

“Era como tener 24 maneras distintas de mirar el mundo dentro de una misma sala”, resume Alicia Wastavino. 

Pero antes de diseñar cartas, tableros o personajes, hubo que detenerse a entender el problema. 

“La idea del taller nunca fue resolver un problema tan complejo como la situación de calle. Lo que buscamos fue visibilizarlo a través de un juego de mesa llamado ‘Reunidos’, pensado para personas desde los 12 años, aunque cualquiera puede jugarlo.” 

Durante esas dos semanas, los estudiantes investigaron, discutieron y escucharon. 

“Reflexionamos muchísimo. El tiempo era breve para hacer un estudio profundo, pero fue suficiente para comprender que detrás de cada persona hay una historia. El juego que hoy mostramos es un prototipo, pero creemos que puede crecer mucho más”.

 

La docente recuerda especialmente el trabajo colaborativo que se produjo entre jóvenes de disciplinas muy distintas. 

“Cada estudiante es un universo creativo. Lo maravilloso fue ver cómo lograron salir de sí mismos y poner su talento al servicio de un propósito común. Desde la empatía construyeron este juego completo: desde la idea inicial hasta el prototipo.” 

Junto al profesor Gerardo Bell, acompañó ese proceso procurando que las propuestas creativas nunca perdieran de vista el sentido del desafío planteado por Acción Solidaria. 

MIRAR DISTINTO 

En “Reunidos”, los jugadores recorren distintos sectores de Santiago mientras conocen a cuatro personajes inspirados en historias reales de personas que han vivido en situación de calle. Ninguno es un héroe ni un estereotipo. Son personas con trayectorias, dificultades y sueños. 

Cada una está acompañada por un animal —un perro, un gato, una paloma o un guarén—, reflejando un vínculo que muchas veces se vuelve inseparable para quienes viven en la calle. 

A medida que avanza la partida, los jugadores deben conseguir abrigo, alimentación, refugio y otros recursos para enfrentar los obstáculos que aparecen en el camino. Las cartas también incorporan información y datos que ayudan a comprender una realidad mucho más compleja de lo que suele imaginarse. 

La recepción del juego durante la feria final fue tan positiva que varias organizaciones quisieron llevárselo. 

“Fue muy emocionante. Muchas fundaciones querían quedarse con el juego y eso fue una enorme satisfacción para los estudiantes, para nosotros como docentes y para el Campus Creativo. Sentimos que este trabajo puede seguir creciendo y convertirse en una herramienta que ayude a conversar sobre una realidad que demasiadas veces preferimos no mirar”, concluye Alicia Wastavino. 

Porque a veces un tablero, unas cartas y un dado pueden hacer algo que los discursos no consiguen: invitar a ponerse, aunque sea por un momento, en el lugar del otro. Y ese puede ser el primer paso para derribar los prejuicios que mantienen a tantas personas viviendo, además de en la calle, al margen de nuestra empatía. 

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