La reinvención de la Fundación Expreso: ¡Están todos invitados a sumarse!

Esta historia comenzó en la antigua hospedería del Hogar de Cristo, en la Josse Van Der Rest, hoy convertida en residencia para adultos mayores. Expreso es un taller de trabajo cooperativo en el que los participantes labran maderas recicladas y rescatan oficios y talentos de personas que lo perdieron todo, de hombres en situación de calle.

Por María Teresa Villafrade

Todos los lunes y miércoles, de nueve de la mañana a dos de la tarde, los participantes de la Casa de Acogida Josse Van der Rest de Hogar de Cristo, trabajan en el taller de trabajo cooperativo Expreso, utilizando maderas recicladas. Con esta labor no solo generan un ingreso, sino que también se restaura su dignidad, ya que muchos de ellos acarrean las consecuencias de vivir muchos años en situación de calle.

El actual director de sustentabilidad de la fundación Expreso, Javier Ruiz, es parte de este proyecto desde su origen, ya que gracias a su empresa Maderas Tarapacá, ubicada en el barrio Franklin de la capital, ha sido proveedor de la materia prima con la que se trabaja en el taller.

“Comencé ayudando porque yo botaba miles de pallets, de cajones. Al principio, los sábados venían voluntarios de la Comunidades de Vida Cristianas (CVX) y separaban los palos, pero era algo más romántico que efectivo. Preferí que antes de botar, todo el material que pudiera servir se fuera al taller Expreso. Fuimos juntando todos los pallets para los viejos del Hogar de Cristo que los transforman hasta el día de hoy en tablas, posavasos y hermosas casas decorativas”, cuenta Javier Ruiz.

Entonces comenzaron a sumarse personas al equipo: Francisco Dittborn, hoy director ejecutivo; Rodrigo Valenzuela, administrador, y Rodrigo Contreras, presidente y asesor legal, quienes, junto a Ruiz, siguen activamente a cargo de la fundación.

“Cuando comenzamos en la residencia del Hogar de Cristo eran súper pocos los viejos que se entusiasmaban con el taller, unos cuatro máximo que de hacer mandalas pasaron a trabajar con maderas. El jefe de taller, Jorge Zapata, era un hospedado pero ahora trabaja conmigo en la empresa los días martes, jueves y viernes”, cuenta.

EL LOGRO DE JORGE ZAPATA

Poco a poco, se fueron sumando más participantes de la antigua hospedería, quienes recibían un pago por su labor. Incluso ahora tienen tiendas con las cuales se trabaja a consignación. Todo iba viento en popa, porque generaban recursos propios, hasta que llegó la pandemia.

“Tristemente hubo fallecidos y la hospedería se tuvo que transformar en una residencia para personas mayores veinticuatro por siete, porque hubo que reubicar a varios por temas de aforo. Por lo tanto, cambió el perfil de los usuarios y de treinta y cinco bajamos a doce los participantes. Ha sido todo un desafío y estamos produciendo la tercera parte de lo que antes hacíamos. No todos quieren trabajar en el taller”, explica Javier Ruiz.

Cuenta que hace cuatro años, se ganaron el Fondo Careno, consistente en 20 millones de pesos, lo que les permitió adquirir maquinarias y construir un techo en el patio para ampliar el taller.

“Este año queremos invitar a otras comunidades para que se acerquen a nuestro taller y compartir todo lo que hemos aprendido a lo largo de estos años. Conversamos con Paulina Andrés, la directora de Comunidad de Hogar de Cristo y estamos en pleno proceso de reactivación”.

Están dispuestos a que todos los que quieran puedan sumarse; ya sea colegios, apoderados, profesores, incluso clubes de personas mayores, juntas de vecinos.

“He visto otras casas de acogida y la verdad es que los viejos no tienen nada qué hacer, me dan muchas ganas de invitarlos a nuestro taller, pero no es tan simple. Requiere logística y nosotros no podemos hacerla. Además, la residencia es del Hogar de Cristo, no es mía”, advierte.

Todavía el Covid 19 sigue siendo un problema.

“En este momentos los lunes y miércoles están yendo alumnos desde ocho a diecisiete años, van con sus profesores y apoderados, pero no puede ser un grupo muy numeroso sino más bien reducido. Los alumnos fabrican con los viejos las tablas, después las compran y se las llevan para sus casas. Todos quedan muy felices, porque interactúan con personas mayores que tienen otra mirada del mundo”, dice el director de sustentabilidad de la Fundación Expreso.

La idea es abrirse a nuevos espacios comunitarios y adecuarse a los nuevos pedidos que puedan llegar: “Nosotros nos adaptamos y si nos piden trencitos, los hacemos. Esta experiencia cambia la vida. Jorge Zapata estaba casi postrado cuando empezó a funcionar el taller en el Hogar de Cristo, luego lo operaron y andaba con muletas, ahora es uno de mis mejores trabajadores y ya no vive en la Josse Van Der Rest”, concluye optimista.

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