Voluntarias de Caleta Tumbes: A trabajar con todo

Un esperado reencuentro con los adultos mayores de su comunidad tendrán las cinco mujeres que integran esta agrupación, que es parte de Acción Solidaria. La pandemia y sus restricciones les impidió dar asistencia a los adultos mayores como solían hacer. Hoy las cincuenta personas que atendían, todos mayores de 80 años tienen aún más necesidades. Felizmente, ahora retomarán en trabajo con todo, cuenta Rosa Labraña.

Por Rocío López Torrealba

Este domingo 26 de marzo, tras cuatro años de trabajar con restricciones por la emergencia sanitaria, vuelven a reunirse las “Voluntarias de Caleta Tumbes”, quienes dedican parte de la semana al acompañamiento de 50 adultos mayores, que viven en esa localidad costera, en la comuna de Talcahuano, región del Biobío.

Según Rosa Labraña, una de sus cinco integrantes, desde el terremoto de 2010 que colaboran con Hogar de Cristo. “Primero lo hicimos distribuyendo alimentos, luego estuvimos presentes cuando se formó el Centro Comunitario y, en 2015, nos unimos a la red Acción Solidaria. Nos quedó gustando otorgar parte de nuestro tiempo a quienes más lo necesitaban”.

Hoy debido a que la población de adultos mayores va en aumento en la caleta, las voluntarias concentran su trabajo en ellos, fortaleciendo las redes de apoyo con el personal sanitario y social, para satisfacer sus demandas, pues no sólo se requiere empatía para ayudarlos.

“De marzo a diciembre colaboramos con Acción Solidaria. Ellos nos mandan a jóvenes de la Universidad de Concepción, que están en práctica en la fundación. Son de diferentes carreras: kinesiología, trabajo social y otras. Nos coordinamos, nos capacitan y es una labor bien bonita”.

PEQUEÑOS REGALOS

De acuerdo al último censo, en Caleta Tumbes viven 1.300 personas, de ellos cerca de 150 hoy son mayores de 70 años. “Acá la población se ha envejecido, nosotras trabajamos con un grupo de cincuenta adultos mayores de 80 años, que son los que están postrados o tienen más necesidades”, asegura.

En su comuna hay poca gente joven. La principal ocupación es la pesca artesanal y pequeños negocios de comida o turísticos, que tienen más auge en temporada veraniega.

“Ahora volvemos con voluntariado a domicilio, para los mayores: Vamos a acompañarlos, a estar con ellos una o dos horas, y les conversamos, porque, aunque algunos están con sus familias, igual se sienten muy solos”.

Ellas autofinancian sus actividades y Hogar de Cristo les provee de transporte para los adultos con movilidad reducida. La voluntaria dice que entre las redes con las que trabajan están los clubes deportivos, la posta, la escuela, la junta de vecinos. “Cuando tenemos programado alguna actividad nos ayudan todos: La escuela manda niños para que reciten, canten o bailen, nosotras hacemos picarones y los vendemos. Así tenemos para financiarnos y hasta le hacemos pequeños regalos como bombones blanditos”.

PAÑALES Y MERCADERÍA

La jefa de operación social de Hogar de Cristo en la zona, Daniela Sánchez, rescata la motivación y esfuerzo de estas mujeres en su actuar social. “Muchas veces son ayudadas por sus familias, esposos e hijos. Son grupos pequeños pero muy motivados por socorrer a los miembros más frágiles de su comunidad”.

Desde que surgió Acción Solidaria, las Voluntarias de Caleta Tumbes fueron uno de los primeros grupos en participar de la red. “Ellas son parte fiel de un trabajo colaborativo, siempre entusiasmadas en capacitarse, ir a los encuentros que organizamos, recibir a los alumnos en práctica”.

Rosa y sus compañeras empezaron a ver en la caleta “un envejecimiento de la población y a muchas personas mayores dependientes muy solas, que necesitaban de un tercero para realizar sus actividades”. Así comenzaron dando una mano a sus vecinos y vecinas que tuviesen algún familiar mayor, dependiente y postrado, pero también a las que tenían un joven o niño o niña con alguna dependencia severa.

Otro acierto de las voluntarias comenta Daniela Sánchez, fue que postularon un proyecto a la Fundación Colunga en plena pandemia y obtuvieron los fondos para llevar mercadería y pañales a cien adultos mayores de la Caleta Tumbes. “Fue algo muy importante porque por la emergencia epidemiológica, los ingresos de las familias se vieron muy afectados y esa ayuda fue invaluable”.

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