Nina Consuegra Donado: “Siendo migrante, entiendo a los chilenos”

Esta barranquillera de 55 años, docente y magister, es presidenta de las comunidades migrantes de Arica, ciudad que ha padecido cuatro olas migratorias de venezolanos, a partir de 2018. Aquí da su visión de un problema que pareciera no tener solución, de la xenofobia que se ha acentuado y del descontrol total con que crece y se fortalece Cerro Chuño, una tierra de nadie con vista al mar.

Por María Teresa Villafrade, desde Arica

Hace 22 años, Nina Consuegra Donado llegó desde su natal Colombia a vivir a Chile, pero en Arica reside desde 2005, donde, además de ser la presidenta de su colonia, lidera a las Comunidades de Migrantes a partir de mayo de 2022.

La tiene muy afectada la negativa reacción que existe frente a la migración actual. Cuenta que se venía haciendo un buen trabajo a contar de 2013 junto al gobierno y las secretarías regionales ministeriales en una mesa migrante que comenzó una migrante, Estrella Cañipa.

Nina Consuegra junto a Patricio Moyano, Jefe de Operación Social Territorial Hogar de Cristo en región Arica y Tarapacá.

“Después todo pasó a depender del Ministerio de Desarrollo Social y quedó en nada. Nos acogió entonces la Oficina de Diversidad, Refugiados y Migrantes (DIREN) de la municipalidad, hoy convertida en Oficina de los Derechos Humanos. Con ellos hemos ido trabajando en varios aspectos, entre ellos, la problemática propia de los procesos migratorios”, explica.

En un momento, dice, se había logrado allanar la brecha entre los migrantes y la comunidad ariqueña, pero llegaron cuatro olas sucesivas de migración venezolana que lo cambiaron todo.

LA MUY BUENA PRIMERA OLA

Antes de 2018, la primera ola de migrantes venezolanos estuvo compuesta principalmente por profesionales que, a juicio de Nina, Chile no supo aprovechar. Esto porque pese a existir el convenio Andrés Bello de convalidación de títulos y estudios, a los venezolanos les pusieron puras trabas.

-Es paradojal si consideras que Andrés Bello fue venezolano. Entonces estos profesionales decidieron marcharse. Es muy difícil que un venezolano convalide su título aquí en Chile, el proceso puede durar dos años, incluso teniendo posgrados mayores, que en ciertas ramas eran de un nivel altísimo. Yo no voy a tener un título para llegar a barrer las calles, siendo éste un trabajo muy meritorio, pero ellos querían algo mejor”, afirma.

La segunda ola, agrega, también fue buena, “porque era gente que había logrado vender sus cosas en el mercado negro de Venezuela y venía con dólares”. Sin embargo, la tercera ola fue terrible y ocurrió hace tres años con la llegada de más de 300 venezolanos en la frontera, viviendo a la intemperie.

“Ante las críticas y quejas de las comunidades migrantes les pusieron carpas”, asegura Nina. Y lo peor fue que a esos venezolanos “se los llevaron engañados a hacer sus trámites en el consulado de Chile en Tacna”.

Así, los alrededores del consulado chileno se convirtieron en una gran hilera de carpas. “Cerraron cuatro cuadras a la redonda. Finalmente, algunos lograron pasar, otros no, pero quedó ese mal precedente en la frontera”.

-¿Qué pasó después?

-Los que no lograron pasar legalmente, empezaron a entrar por pasos no habilitados. Ahí comienza la ola de violencia en ciudades como Arica, que era un territorio de paz. Aquí no ocurrían crímenes. Podías salir a las ocho de la noche. Pasamos de cero asesinatos hasta dos y tres por semana. Después se da el aviso de que El Tren de Aragua llegó a Arica, algo que es real.

Esta investigación comenzó cuando se encontró un cadáver enterrado en Cerro Chuño, convertido hoy en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad, habitado en su mayoría por migrantes de todas las nacionalidades.

EL DRAMA DE CERRO CHUÑO

Nina Consuegra asegura que ha tenido muchos indicios de que algo malo está pasando a raíz de esta última oleada migratoria. “Siendo migrante, yo entiendo a los chilenos. Además, lo que pasó en Colchane profundizó la brecha. Me refiero a cuando la gente se tomó las casas que estaban sin moradores, pero que tenían sus legítimos dueños chilenos”.

-¿Eso incrementó la xenofobia?

-Pero claro, imagínate que tú entras a tu casa y está una familia instalada y te dice que no se va porque necesita. O se instalan en las plazas, como pasó en ese bulevard bonito en Iquique, que se llenó de carpas. La gente hacía sus necesidades en las calles. Acá también pasó, en mi población Juan Noé, en una plaza muy bonita de pronto aparece una carpa, al siguiente dos y de pronto todo un iglú gigante, entonces llamas a Carabineros.

-¿Y qué está pasando en Cerro Chuño?

-Es una población construida sobre los cimientos de una contaminación grande que data de un convenio que existió entre Chile y Suecia, donde se traían los desechos químicos tóxicos en containers y se depositaban en este sector hace muchos años.

Con el tiempo, cuenta Nina, esos desechos se fueron rellenando y se empezaron a construir casas. Se descubrió la grave contaminación cuando los niños empezaron a registrar plomo en su sangre, entonces se tomó la decisión de desalojar a todos los habitantes. Pero dejaron las casas, no las demolieron. “Mira qué absurdo”, hace notar ella.

Pronto este lugar empezó a ser habitado por migrantes. “Allí viven chilenos también, propietarios de las casas que habían sido erradicados y volvieron a ocuparlas”, dice.

Luego, la ley que semestralmente indulta a los reos significó que en Arica 261 beneficiados con esta legislación, terminaran viviendo en Cerro Chuño. “¿Cuántas de esas personas están realmente rehabilitadas y se insertan a la sociedad? Me han dicho que es mínimo el porcentaje”, se pregunta.

Para ella, este lugar se convirtió en un espacio donde cualquiera puede construir una especie de mediagua con cuatro palos de madera y nadie dice nada. Muchos extranjeros al no poder obtener su visa y regularizarse, terminan viviendo allá: venezolanos, dominicanos, colombianos, haitianos.

“Se quiso hacer una erradicación, pero me llama la atención si sabes la problemática de Cerro Chuño que no partas por la parte más fácil y débil, que es detrás de la cancha, todo eso era de material ligero. La lógica indica que por ahí debían comenzar, pero no, empezaron por la parte más alta donde hay casas de concreto. Una vez vi una licitación de los terrenos de Cerro Chuño para antenas de celulares. Derribaron, los sacaron y nadie podía entrar”.

¿Qué hizo esa gente? Se fueron para más atrás todavía. No tienen servicios. Hay un vertedero que está antecedido por basurales fétidos y un enorme cementerio de autos. Nina Consuegra explica:

“Cerro Chuño se divide en dos: Morrillo y Cochancas. Yo antes iba al sector Cochancas, que tiene su vía principal, para llevar ayuda a unas familias colombianas que perdieron todo en un incendio. Les llevaba mercadería, pero antes les avisaba para que nos encontráramos en un punto específico. Ahora ya no voy”.

Hay jóvenes fumando marihuana, drogándose. “En estos momentos, la mayoría de los que están más arriba son venezolanos. Acá pasó que no les querían arrendar y menos si eran colombianos o migrantes, el colombiano es escandaloso, les gusta tomar cerveza y escuchar música alta. Muchos migraron a Cerro Chuño por esta causa”.

Para ella, que la autoridad permitiera la instalación de tanta gente en Cerro Chuño convirtió a esa zona en un auténtico gueto.

-¿Qué salida le ves a este problema?

-Uno no sabe si es peor el remedio que la enfermedad. Porque ¿a dónde van a vivir? La misma PDI dice que si se erradica a todos, se disgregan, se dispersan los que son delincuentes por toda la ciudad. Para mí, el gobierno tiene mucha culpa, porque no demolieron las casas en su momento. Esto ha hecho que la brecha se agigante más.  Yo entiendo al ariqueño que le duele ver los cerros de su ciudad tomados.

Nina Consuegra Donada trabaja activamente por los migrantes en Arica, junto a Acción Solidaria de Hogar de Cristo.

FOTOGRAFÍAS: Sébastien Verhasselt

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